– Otra forma de colonialismo y esclavitud –
Rodolfo V. González Rodríguez
“El Colonialismo de la Biósfera”
Por: Octavio Roncero
<< Cada niño norteamericano representa una carga sobre su “hábitat” cincuenta veces superior al de cada niño indio (Time, 2 de febrero de 1970). El dato es estremecedor y nos sitúa en la verdadera realidad del problema de los países ricos y pobres.
No estamos ante un problema de distintos niveles de bienestar, sino ante algo más simple: de explotación.
El hecho es lo suficientemente representativo para mostrarnos, por si fuera menester, que no todos los países del mundo participan en la destrucción de la biósfera en la misma medida. Podíamos acaso apostillar que estamos en presencia de un auténtico colonialismo de nuestra biósfera, un colonialismo que llega hasta el aire que respiramos. Un colonialismo que llega más allá de los propios daños materiales que causa.
Los daños de los grandes países son de tal naturaleza, gravitan de tal suerte sobre los pequeños, que no es posible desconocerlos. De entre todos aquellos, el «gran delincuente» de la biosfera es Estados Unidos, sin lugar a dudas. Un ecólogo norteamericano, (La Mont C.: <<Una Carrera por la supervivencia>>, Facetas, Volumen 3, 1970), miembro de la Comisión Asesora de la Fundación Nacional de Ciencias de su país, profesor de Ecología de la Universidad de Cornell, ha llegado a evaluar que la cantidad de oxígeno producida por los Estados Unidos apenas llega al 60 por 100 de la consumida. La conclusión a la que llega es clara: «Dependemos totalmente del oxígeno que se produce fuera de las fronteras norteamericanas.»
Es decir, los Estados Unidos están atentando contra el equilibrio biológico del mundo en algo tan vital como es el aire. ¿No estamos pagando demasiado caro el «bienestar» (?) norteamericano? ¿No estamos en verdad ante la más gigantesca y peligrosa colonización que jamás conoció el mundo?
Los Estados Unidos producen el 50 por 100 de la contaminación mundial. Con una población que no llega al 6 por 100 de todo el orbe, consume el 40 por 100 de la producción mundial de recursos naturales, muchos de ellos no renovables. «A lo largo de una vida de setenta años, el norteamericano medio consume 26 millones de galones de agua, 21.000 galones de gasolina, 10.000 libras de carne, 28.000 libras de leche y nata… Los norteamericanos desechan todos los años 7 millones de automóviles, 100 millones de cubiertas, 20 millones de toneladas de papel, 28.000 millones de botellas y 48.000 millones de latas. La mera recogida de basuras cuesta 2.800 millones de dólares… Todos los años las fábricas de los Estados Unidos despiden 165 millones de toneladas de desechos sólidos y lanzan a la atmósfera 172 millones de toneladas de humo y vapores. Además, los abonos químicos han reemplazado a los orgánicos, mientras que se han ido acercando a las ciudades extensos terrenos dedicados a la alimentación del ganado. La consecuencia de ello es que los desechos animales contaminan ahora el agua potable y plantean un problema de higiene equivalente a casi mil millones de personas. (Time, 2 de febrero de 1970).
Es decir, sólo la ganadería norteamericana produce una contaminación mayor a los 800 millones de chinos, el país más poblado del planeta. Si a eso añadimos los 200 millones largos de norteamericanos y sus «esclavos mecánicos» (Se ha calculado, para la fecha, que cada norteamericano cuenta con 100 kilowatios/hora de energía al día, lo que equivale a estar asistido con 100 <<esclavos mecánicos>>), los Estados Unidos tienen una población equivalente a 2.000 millones de personas más, bastante más de los dos tercios de la población del mundo en la actualidad: casi la población entera del globo si añadimos el «peso» de su ganadería.
Lo mismo que la democracia ateniense precisó de es clavos para su normal funcionamiento, la gran democracia norteamericana cuenta con sus «esclavos», y esta vez «técnicos». Esclavos que «contaminan» la vida de una sociedad y aun la dominan cuando se pierden los límites físicos que puedan soportarlos. La tierra entera quedará esterilizada de «igualitarismo mecánico» y la más sabía lección de la naturaleza: la pluralidad, el apoyo de las distintas especies, la ligaron estrechamente entre la vida y las estrellas, las plantas y el suelo, serán un mito. Todo el formidable engranaje de la vida lo habremos trocado por un montón de cachivaches sin sentido.
Toda esa gigantesca masa —volvemos a hablar de los Estados Unidos— de personas, animales y cosas está viviendo, en buena parte, a costa del resto del planeta. El hecho es de tal naturaleza que a la hora de pretender entrar a fondo en los problemas de la conservación de la biosfera no puede dejarse de lado este terrible y escalofriante hecho, que puede ir comprobándose, por si fuese menester, con los datos dispersos que nos vienen facilitando fuentes norteamericanas.
Los «esclavos técnicos» permiten, de otra parte, una increíble concentración de poder que rompe, por su propia existencia, el equilibrio de seres y cosas. Surge el miedo sobre el planeta, y aun el pánico. Nadie sabe a ciencia cierta «por dónde van a venir los tiros», pues los científicos han puesto en manos del poder herramientas terribles, «se han degradado hasta tal punto, nos recuerda Einstein (Einstein, Albert: <<Sobre la esclavitud del científico>>, Impacto, enero-junio 1972), que ayudan obedientemente a perfeccionar los medios para la destrucción de la humanidad». >>
Es importante señalar que el artículo precedente, fue escrito o publicado, en mayo de 1974 en Madrid, España, en la obra Desperdicios y Desarrollo – La Protesta de la Naturaleza, por el periodista español Octavio Roncero, documento que contiene casi doscientos artículos escritos entre 1970 y 1973, publicados en prensa escrita y que tratan sobre la contaminación ambiental negativa y sus efectos en la humanidad, e indudablemente en el ambiente como gran contenedor de esa humanidad y todo cuanto existe en el universo.
Hay que resaltar que lo que se afirma sobre uno de los países del norte de América o de Nuestra América, es algo menos, de lo que en la actualidad sucede hoy día con esa potencia bélica, que además de destruir al planeta con las guerras que propicia y las armas que utiliza, es él gran delincuente ambiental del planeta, ya que, debe estar generando más del cincuenta por cada cien (50%) de la contaminación global, se estima que general cerca del sesenta y cinco por ciento (65%) de esa contaminación negativa del ambiente global, además que consume más de un tercio de la producción de hidrocarburos fósiles, productos petroquímicos, alimentos y otros.
El país guerrerista del Norte de Nuestra América, con menos del 5% de la población mundial, consume más de dos veces el consumo equivalente a toda la población del planeta, lo que reafirma que, efectivamente estamos ante un verdadero problema de sobrevivencia y de una nueva forma de colonialismo y en definitiva de esclavitud; siendo así, cada ciudadano del país sin nombre ubicado al norte de Nuestra América, consume más de veinte veces lo que consume (en términos energéticos) un ciudadano promedio de los países empobrecidos; pero hay que tener presente, que menos del 35% de la población del país en cuestión, tiene capacidad adquisitiva real y confiable, lo que pudiera representar, que las clases medias altas y las clases privilegiadas de la nación gringa, consumen per capital, el equivalente a cincuenta veces lo que consume un ciudadano promedio de los países empobrecidos.
Los países industrializados o enriquecidos a costa de los países empobrecidos, en especial el país guerrerista del Norte de Nuestra América, no alcanzan a producir el oxígeno que requieren para satisfacer la necesidad de respiración de sus propios habitantes, esto significa que si construyéramos un muro lo suficientemente alto, por todo el borde de los límites de los países desarrollados, impidiendo el paso del oxígeno proveniente de otros horizontes, es probable que cerca de una tercera parte de la población de estos países se asfixiaría y el resto, sufriría extremos trastornos de salud, por la respiración de aire enrarecido por sobre carga de dióxido de carbono y disminución de la concentración de oxígeno.
El tema entonces –reiteramos– nos es sólo de conquista como lo fue a partir del siglo XV en el caso de lo que a la postre, se llamó América, o como afirma Roncero, no estamos ante un simple problema de bienestar, el tema es, que de pasar de ser esclavos a asalariados, ahora somos “hojas” que producen oxígeno para que los habitantes de los países poderosos puedan satisfacer su necesidad de respiración, de alimentación y en general de energía y que, como hojas de los árboles, se deterioran, se marchitan, secan y luego se descartan como energúmenos; el problema es de hegemonía, de dominio y propiedad sobre el ambiente en su amplio contexto, propiedad que es ejercida por muy pocos, en detrimento y perjuicio de las inmensas mayorías pero en especial, sobre el ambiente.
En el artículo de Roncero, se hace especial énfasis en el tema de los desechos generados en todos los procesos de la vida del ser humano, especialmente de países como el guerrerista del Norte de Nuestra América, vida que en esos países, paso por similares procesos como los pasó cualquier otro país, las familias de antaño, antes de la inversión del plástico y del progreso desmedido, del modernismo o “progresismo”, tampoco tenían problemas con la basura, estos comenzaron con la mercantilización de los bienes de consumo, servicios y de la fuerza de trabajo del ser humano.
Es necesario decir, que así como los subsistemas de explotación humana esclavista, feudal y capitalista, han dejado y continúan dejando una inmensa deuda social, particularmente el capitalismo en unos doscientos años, han generado y siguen agigantando una inmensa deuda ambiental, que en el país ecuatoriano en la primera mitad de la década de los años noventa del siglo XX, se hizo una ínfima estimación y un intento de cobro en forma pecuniaria, pero la valoración real de dicha deuda, es prácticamente imposible de calcular; porque no sólo es la vida de nuestros pueblos, la que avala o afianza la deuda, que con nuestra sangre terminaremos pagándola, es la vida de múltiples especies animales y vegetales, que han desaparecido o están a punto de desaparecer.
Se habla del gobierno un país que fue capaz de lanzar dos bombas de las llamadas de fuentes nucleoatómicas, que en cuestión de segundos, asesinó varios cientos de miles de personas que no participaron de una guerra que ya había terminado; un gobierno que utilizó sustancias químicas altamente degradantes de organismos vivos, como armas de destrucción masiva contra población civil, napalm, sustancia naranja entre otros; hablamos del gobierno que ha sido capaz de atacar a su propia gente de múltiples formas (inducir al consumo de drogas para cometer asesinatos y participar en guerras, auto atentados entre otros); hablamos del gobierno que ha provocado y/o participado en todos los conflictos bélicos regionales y bilaterales que se han registrado en el planeta, luego del fin de la segunda guerra euroasiáticas en 1945; hablamos del gobierno que tiene metida sus manos, en todos los derrocamientos y desestabilización de gobiernos en el mundo, que no se someten a sus intereses; pero además, hablamos del gobierno del país que provoca más de la mitad de la contaminación negativa del ambiente; el gobierno del país que, a pesar de saber del daño que causaría a más de cincuenta millones de niños y niñas de generaciones futuras, participó de manera intensa y protagónica, en los ensayos nucleares de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, el gobierno que ordenó la utilización del DDT, sin haber realizado los estudios correspondientes sobre los efectos negativos en el ambiente; el gobierno que no ha firmado o subscrito convenio o protocolo ambiental alguno; el gobierno que mercantilizó la contaminación ambiental negativa generada por gases de efecto invernadero con los “Bonos de Carbono”; hablamos del gobierno del país, que ha asesinado por sí mismo, a más personas en un siglo, que las que murieron en las dos guerras euroasiáticas, sin incluir las que murieron en agosto de 1945 con las referidas bombas “atómicas” de Nagasaki e Hiroshima.
El Colonialismo de la Biósfera en la actualidad, está representada por el saqueo del conocimiento ancestral de los pueblos del mundo, de sus recursos naturales, del sistema de patentes sobre alimentos y medicinas, que tan sólo ese país (el que no tiene nombre y se ubica al norte de Nuestra América), monopoliza actualmente más del 79% de dichas patentes y derechos de uso, fabricación y comercialización; se presenta mediante el sometimiento de pueblos enteros por diferentes mecanismo, que van desde el militar, hasta la figura de soberanía restringida y el canje de deuda por naturaleza; en tiempos de pandemia, por el robo abierto y descarado de medicamentos, implementos médicos y monopolización del sistema de vacunas del mundo, bien sea por la compra desmedida de las vacunas, o por intermedio de la obstrucción de los mecanismos de distribución a nivel planetario, provocando que más de las tres cuartas partes de las vacunas, estén en manos de unos diez países.
La catástrofe ambiental planetaria, que es precisamente consecuencia forzada del colonialismo de la biósfera y es a su vez, causa del colonialismo, ha sobrepasado las capacidades de auto restauración ambiental, y le está resultando muy difícil al ambiente, poder mantener niveles de estabilidad ambiental con bajos niveles de demanda energética; y a pesar de ello, el país sin nombre ubicado al norte de Nuestra América, mantiene un incremento constante del consumo energético y de materias primas.
Por ahora, sólo nos queda por transcribirle un extracto del Manifiesto por la Supervivencia:
“Sí no se cortan de raíz las tendencias que se observan en la actualidad, el derrumbamiento de la sociedad y la destrucción irreversible de los sistemas de mantenimiento de la vida en este planeta serán inevitable. Posiblemente a finales de este siglo, y con toda seguridad antes de que desaparezca la generación de nuestros hijos.” – escrito y publicado en 1968.
Hoy día, cuando ya ha comenzado la tercera década del siglo XXI, la situación del planeta es crítica; el sistema capitalista mundial está en franco deterioro y con su destrucción, arrastra a toda la humanidad, bajo la premisa que: “si cae el reino, caerán todas sus colonias”; el gobierno del país sin nombre ubicado al norte de Nuestra América, no está dispuesto a dejar libre a su patio trasero, a sus colonias, y habiendo colonizado la biósfera, tampoco dejará que ella se libere; o detenemos la hegemonía imperial neoliberal que tiene su principal asiento en el país guerrerista ubicado al norte de Nuestra América, o ese imperio nos destruirá a todos, incluyéndolos a ellos mismos.
¡Lo expuesto en el Manifiesto por la Supervivencia se viene cumpliendo, qué más vamos a permitir que se cumpla como simples mirones de palo!
