“El Colonialismo de la Biósfera”[1]

 << Cada niño norteamericano representa una carga sobre su “hábitat” cincuenta veces superior al de cada niño indio (Time, 2 de febrero de 1970). El dato es estremecedor y nos sitúa en la verdadera realidad del problema de los países ricos y pobres.undefined

              No estamos ante un problema de distintos niveles de bienestar, sino ante algo más simple: de explotación.

              El hecho es lo suficientemente representativo para mostrarnos, por si fuera menester, que no todos los países del mundo participan en la destrucción de la biósfera en la misma medida. Podíamos acaso apostillar que estamos en presencia de un auténtico colonialismo de nuestra biósfera, un colonialismo que llega hasta el aire que respiramos. Un colonialismo que llega más allá de los propios daños materiales que causa.

              Los daños de los grandes países son de tal naturaleza, gravitan de tal suerte sobre los pequeños, que no es posible desconocerlos. De entre todos aquéllos, el «gran delincuente» de la biosfera es Estados Unidos, sin lugar a dudas. Un ecólogo norteamericano, (La Mont C.: <<Una Carrera por la supervivencia>>, Facetas, Volumen 3, 1970), miembro de la Comisión Asesora de la Fundación Nacional de Ciencias de su país, profesor de Ecología de la Universidad de Cornell, ha llegado a evaluar que la cantidad de oxígeno producida por los Estados Unidos apenas llega al 60 por 100 de la consumida. La conclusión a la que llega es clara: «Dependemos totalmente del oxígeno que se produce fuera de las fronteras norteamericanas.»

              Es decir, los Estados Unidos están atentando contra el equilibrio biológico del mundo en algo tan vital como es el aire. ¿No estamos pagando demasiado caro el «bienestar» (?) norteamericano? ¿No estamos en verdad ante la más gigantesca y peligrosa colonización que jamás conoció el mundo?

              Los Estados Unidos producen el 50 por 100 de la contaminación mundial. Con una población que no llega al 6 por 100 de todo el orbe, consume el 40 por 100 de la producción mundial de recursos naturales, muchos de ellos no renovables. «A lo largo de una vida de setenta años, el norteamericano medio consume 26 millones de galones de agua, 21.000 galones de gasolina, 10.000 libras de carne, 28.000 libras de leche y nata… Los norteamericanos desechan todos los años 7 millones de automóviles, 100 millones de cubiertas, 20 millones de toneladas de papel, 28.000 millones de botellas y 48.000 millones de latas. La mera recogida de basuras cuesta 2.800 millones de dólares… Todos los años las fábricas de los Estados Unidos despiden 165 millones de toneladas de desechos sólidos y lanzan a la atmósfera 172 millones de toneladas de humo y vapores. Además, los abonos químicos han reemplazado a los orgánicos, mientras que se han ido acercando a las ciudades extensos terrenos dedicados a la alimentación del ganado. La consecuencia de ello es que los desechos animales contaminan ahora el agua potable y plantean un problema de higiene equivalente a casi mil millones de personas. (Time, 2 de febrero de 1970).

              Es decir, sólo la ganadería norteamericana produce una contaminación mayor a los 800 millones de chinos, el país más poblado del planeta. Si a eso añadimos los 200 millones largos de norteamericanos y sus «esclavos mecánicos» (Se ha calculado, para la fecha, que cada norteamericano cuenta con 100 kilowatios/hora de energía al día, lo que equivale a estar asistido con 100 <<esclavos mecánicos>>), los Estados Unidos tienen una población equivalente a 2.000 millones de personas más, bastante más de los dos tercios de la población del mundo en la actualidad: casi la población entera del globo si añadimos el «peso» de su ganadería.

              Lo mismo que la democracia ateniense precisó de esclavos para su normal funcionamiento, la gran democracia norteamericana cuenta con sus «esclavos», y esta vez «técnicos». Esclavos que «contaminan» la vida de una sociedad y aun la dominan cuando se pierden los límites físicos que puedan soportarlos. La tierra entera quedará esterilizada de «igualitarismo mecánico» y la más sabía lección de la naturaleza: la pluralidad, el apoyo de las distintas especies, la ligaron estrechamente entre la vida y las estrellas, las plantas y el suelo, serán un mito. Todo el formidable engranaje de la vida lo habremos trocado por un montón de cachivaches sin sentido.

              Toda esa gigantesca masa —volvemos a hablar de los Estados Unidos— de personas, animales y cosas está viviendo, en buena parte, a costa del resto del planeta. El hecho es de tal naturaleza que a la hora de pretender entrar a fondo en los problemas de la conservación de la biosfera no puede dejarse de lado este terrible y escalofriante hecho, que puede ir comprobándose, por si fuese menester, con los datos dispersos que nos vienen facilitando fuentes norteamericanas.

              Los «esclavos técnicos» permiten, de otra parte, una increíble concentración de poder que rompe, por su propia existencia, el equilibrio de seres y cosas. Surge el miedo sobre el planeta, y aun el pánico. Nadie sabe a ciencia cierta «por dónde van a venir los tiros», pues los científicos han puesto en manos del poder herramientas terribles, «se han degradado hasta tal punto, nos recuerda Einstein (Einstein, Albert: <<Sobre la esclavitud del científico>>, Impacto, enero-junio 1972), que ayudan obedientemente a perfeccionar los medios para la destrucción de la humanidad».>>

Hay que imaginarnos cómo deben estar las cosas hoy, después de cuarenta y seis años que vio la luz el artículo precedente. Hoy día, en el supuesto negado que cada ciudadano del planeta genere aproximadamente un kilogramo de desechos por persona cada veinticuatro horas, significará que, en la actualidad – según https://www.worldometers.info/world-population/ – se estarían generando unos siete mil ochocientos millones de kilos de desechos diarios o siete millones ochocientas mil toneladas de desechos al día; pero la realidad es completamente distinta y de eso, nos advierte el artículo, es mucho más peligrosa y seguramente más destructiva de lo que pensamos, debido a la deficiente e interesada definición de desechos y residuos que existe actualmente desde los años de la década de los sesenta, cuando se estableció que eran lo mismo, sumado al hecho que, en la mayoría de los países en “vía de desarrollo”, existen deficiencias inducidas en la prestación de los servicios de recolección y disposición final de desechos y residuos sólidos, como de otros desechos tanto líquidos como gaseosos.

La realidad es, que la humanidad entera debe estar generando cerca de treinta veces más de lo que nominalmente se reportada, dado que, no se contabiliza los desechos industriales y comerciales que no asimilan a la basura doméstica, los desechos provenientes de establecimientos de salud, que deben ser recogidos de manera independiente y bajo medidas de seguridad sanitaria y así, otras fuentes que por razones políticas y geoestratégicas, no se contabilizan; tan sólo, en las más de novecientas bases militares estacionarias regadas por el planeta, que tiene el gobierno del país sin nombre ubicado al norte de Nuestra América y las cientos de bases itinerantes que se mueven por el mismo, para someter a los pueblos, no se tiene idea del tipo, calidad y peligrosidad de los desechos que generan y donde lo disponen temporal o finalmente.

Así como nos han engañado con el tema de la cantidad de agua en el planeta, donde la mayoría de las personas creen que hay más agua que tierra, igualmente nos han llenado de falsas expectativas con el “reciclaje” y las conductas “ecológicas”, que tienen como naturaleza el ecologismo como ideología fundamentalista, cuando realmente, la ecología es una subciencia, una herramienta de trabajo como lo son todas las ciencias; la ecología ni los ecologistas, son élites científica ni política. No es intención en este momento, iniciar una discusión sobre el tema del comportamiento ecológico y sobre el fundamentalismo ecologisista, pronto vendrá esa discusión necesaria, la intensión en éste momento, es mostrar lo mal que lo hemos hecho, todos y sin excepción, por más conductas conservacionistas que queramos y podamos exhibir, basta con ver la realidad de nuestro entorno, de nuestra parroquia, de nuestra comuna, de nuestro municipio, de nuestro estado, de nuestro país y de nuestro planeta, para tener que obligarnos a aceptar, que las cosas – ambientalmente hablando por ahora – no están bien.

“La basura es un tesoro” fue un eslogan del entonces Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales Renovables de nuestro país Venezuela, por allá en los años setenta y principios de los ochenta, se comenzó a impulsar en toda el país, la visión economisista de la basura y el recilaje; en lo que respecta al Municipio Caroní, se tradujo en los años noventa, lo que denominamos los mercados populares de la basura, los programas domésticos de recolección selectiva de “desechos”,en el que, las familias tenían que adquirir hasta cinco tipos de contenedores de diferentes colores para la clasificación doméstica y bolsas plásticas para garantizar la separación en sitio, o conseguir cinco envases y adquirir bolsas de cinco diferentes colores – diría la abuela Rosa ¡bolsas quién! –.

Es imperativo iniciar e impulsar una discusión deslastrada de los viejos paradigmas sobre el tema ambiental, buscar audacia, iniciativas y creatividad, que orienten la generación y diseño de proyectos real y verdaderamente con fines para la conservación, defensa y mejoramiento del ambiente, comenzando por la basura o, como debe denominarse: “Residuos sólidos de fuentes urbanas de origen domiciliario”, y son residuos, porque en su mayoría son: a) recuperables, b) reutilizables, c) reusables y, d) de bajo índice de peligrosidad.

En “somosdimos.wordpress.com”, asumimos ahora por las redes virtuales, la gestión ambiental como necesidad y mecanismo de lucha revolucionaria, conforme se asumió el compromiso hace más de cuarenta y cinco años y que se revalido en el año 1999 con “Ambiente en la Constituyente”. Desarrollo de la Información de Masas y Organizaciones Sociales – DIMOS – concepto que venimos desarrollando desde hace aproximadamente una década, trataremos de publicar la mayor información posible sobre el tema, que además de denuncias, críticas y análisis, se incorporen propuestas para resolver situaciones específicas o temas centrales como los relativos a la basura, el agua, la recuperación de suelos, detener la desforestación entre otros; asimismo, brindaremos asesorías, acompañamiento y hasta, tratamiento de algún tipo de problema específico, que responsablemente podamos atender, percibiendo la contraprestación justa o merecida por el trabajo realizado, teniendo presente, que las comunidades deberán ser siempre, las primeras beneficiadas y el ambiente en general como objetivo fundamental.

De igual forma, conforme al desarrollo de la información que es nuestra más importante herramienta, se agotaran todos los esfuerzos para crear, diseñar y publicar la Primera Enciclopedia Venezolana de Educación Ambiental, que pronto tendrá completamente definida, su estrategia de trabajo.

Esperamos contar con su invaluable apoyo.

“La más terrible de todas las escaseces es la de la Naturaleza”

Philippe Saint Marc


[1]  Publicado, en mayo de 1974 en Madrid, España, en la obra Desperdicios y Desarrollo – La Protesta de la Naturaleza, por el periodista español Octavio Roncero, documento que contiene casi doscientos artículos escritos entre 1970 y 1973 sobre la contaminación ambiental negativa y sus efectos en la humanidad

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